El mandamiento de “creer en la ciencia” se ha convertido en un grito de guerra, del que se hizo eco Joe Biden durante su campaña presidencial cuando prometió “elegir la ciencia sobre la ficción”. Si eso es cierto, su nueva administración debería adoptar la reducción del daño del tabaco, una estrategia de salud pública que, en lugar del enfoque de solo abstinencia, busca reducir las muertes y enfermedades causadas por los cigarrillos combustibles al permitir que los fumadores accedan a alternativas de menor riesgo.
En una sesión de preguntas y respuestas durante su campaña, Biden notó que, como presidente, prohibirá los cigarrillos electrónicos si la ciencia demostraba que eran dañinos, pero dejó cierto margen de maniobra al declarar que “aún no se ha realizado un estudio completo” sobre este tema. Ahora que es presidente, se verá obligado a evaluar la evidencia y decidir cómo abordar el tema. Uno sólo puede esperar que su administración realmente “siga la ciencia” y no sucumbirá al pánico moral que ha afligido a gran parte de su partido.
Palabras clave: Estados Unidos, debate público, reducción de riesgo y daño, políticas públicas.